Vivimos en una época en la que con frecuencia confundimos la fortaleza con la dureza y la regulación emocional con la ausencia de emociones. Se admira a quien “no siente”, “no llora” o “no se inmuta”. Sin embargo, existe una diferencia profunda entre reprimir una emoción y saber gestionarla.
Uno de los personajes que mejor representa esa diferencia es Valéry, el esposo de Arielle en la película 5 to 7.
Lo que hace memorable a este personaje no es únicamente su inteligencia, su elegancia o su vasta cultura. Lo que realmente cautiva es la manera en que integra conocimiento, carácter y humanidad.
Valéry es un hombre culto. Habla con profundidad, domina el arte de la conversación, aprecia la literatura, la historia y la política. Su educación no se refleja en la cantidad de información que posee, sino en la forma en que mira el mundo y trata a las personas. Transmite ese ideal francés del savoir-vivre: el arte de saber vivir con respeto, sensibilidad, buen gusto y consideración hacia los demás.
Pero la verdadera riqueza del personaje aparece cuando su mundo emocional es puesto a prueba.
Al descubrir que Brian ha sobrepasado los límites del acuerdo que sostenía su matrimonio con Arielle, Valéry experimenta dolor, decepción e ira. Y, en un momento de intensa carga emocional, le da una bofetada.
Esa escena suele sorprender porque rompe con la imagen del hombre siempre imperturbable. Sin embargo, precisamente ahí radica una de las mayores enseñanzas del personaje: la regulación emocional no significa dejar de sentir.
Valéry no niega su enojo. No finge que nada ocurrió. No se obliga a parecer que nada pasa. Se permite experimentar una emoción profundamente humana.
Lo extraordinario sucede inmediatamente después.
Una vez que esa reacción pasa, recupera la serenidad y actúa conforme a sus valores. En lugar de humillar a Brian, vengarse o utilizar su poder para destruirlo, decide ayudarlo económicamente cuando lo necesita.
Ese gesto revela algo mucho más grande que el autocontrol: revela grandeza de carácter. Aristóteles lo llamaba magnanimidad.
La madurez emocional no consiste en eliminar la ira, el miedo o la tristeza. Consiste en impedir que esas emociones decidan quiénes somos.
Desde la neurociencia, podríamos decir que Valéry muestra una integración poco común entre el cerebro emocional y las funciones ejecutivas del lóbulo frontal. Su sistema emocional responde con intensidad, como respondería el de cualquier ser humano, pero su capacidad de reflexión le permite volver a elegir desde sus principios y no únicamente desde el impulso.
Otro aspecto profundamente conmovedor es su forma de amar.
Valéry no intenta poseer a Arielle. Comprende que amar no significa controlar. Aun cuando la situación le provoca sufrimiento, no convierte ese dolor en un instrumento para limitar la libertad de la mujer que ama, inclusive actúa encargandose de dar la ayuda económica para asegurar su bienestar sin importar que ya no esté con él.
Eso no significa ausencia de dolor.
Significa que el amor maduro comprende que la libertad del otro no desaparece porque exista un vínculo.
Esta postura puede generar debate. No todas las personas compartirán la visión de las relaciones que presenta la película. Sin embargo, independientemente del modelo de pareja, el personaje nos deja una reflexión valiosa: el verdadero carácter se revela cuando nuestras emociones más intensas no destruyen nuestros valores.
Quizá por eso Valéry resulta tan fascinante.
Es un hombre que siente profundamente.
Que se permite experimentar la ira.
Que reconoce su dolor.
Que pone límites.
Y que, aun así, decide actuar con dignidad.
En una sociedad donde muchas veces se confunde la masculinidad con el dominio, el control, la agresividad o la ausencia de vulnerabilidad, Valéry nos recuerda que la verdadera fortaleza no consiste en endurecer el corazón, sino en desarrollar un carácter capaz de sostener las emociones sin convertirse en esclavo de ellas.
Porque, al final, la madurez emocional no se mide por la intensidad de lo que sentimos, sino por la calidad de las decisiones que tomamos mientras lo estamos sintiendo.
Hoy en ERES reconocemos que cada día hay más Masculinidad responsable. Sí, sí existe.
Valéry en 5 to 7: la verdadera fortaleza de un hombre culto y emocionalmente maduro
“El verdadero poder no consiste en la capacidad de destruir o agredir a otro; consiste en tener el poder para hacerlo y elegir no hacerlo porque tus valores son más grandes que tu orgullo.” Yereni Molina.


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